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Acción humanitaria

A pesar de haberse aumentado la financiación, todavía está pendiente la reforma de la estructura institucional. No se ha presentado aún una estrategia completa para conseguir que la acción humanitaria goce de más calidad. Se necesita una clara separación entre los objetivos y los actores humanitarios y políticos.

Durante mucho tiempo, la cooperación española ha descuidado la ayuda humanitaria. En cuanto a su financiación, el Plan Director 2005-08 establece aumentos sucesivos de la ayuda humanitaria, alcanzando el 7% de toda la ayuda bilateral en 2008. En el año 2005, hubo, de hecho, un incremento de la financiación con fines humanitarios, pasando de una media de alrededor del 3% en los primeros años, a casi un 4,5%. Esto se debe, en parte, a los desastres naturales que tuvieron lugar en 2005. El principal cambio tomó la forma de un aumento del porcentaje gestionado por el Departamento Humanitario del Gabinete de la AECI, pasando de una media del 8-12% en los primeros años, a un 34% en 2005.1 En cuanto a la financiación de organismos multilaterales, España se ha situado, tanto en el año 2006 como en 2007, entre los diez primeros donantes principales del Fondo Central de las Naciones Unidas para Emergencias (CERF). De la misma manera, se aportaron fondos humanitarios a UNICEF y a la FAO. 2

En cuanto a la estrategia, la ayuda humanitaria aparece en el Plan Director 2005-08 como la séptima prioridad estratégica, bajo el título de “Prevención de conflictos y construcción de la paz”, lo que resulta algo confuso, puesto que sugiere una mezcla del interés (político) en llevar la paz a los países, levantando instituciones con el objetivo (apolítico y humanitario) de salvar vidas. No obstante, el Gobierno actual parece mucho más cauteloso a la hora de establecer una división entre sus objetivos de política exterior y la intervención humanitaria, y su protección del espacio humanitario. El Plan Director menciona explícitamente los principios de imparcialidad, neutralidad y no discriminación, y el Plan Anual 2007 hace referencia a los Principios y Buenas Prácticas en la Donación Humanitaria. La presión vivida alrededor de las relaciones civiles y militares en las crisis humanitarias ha sido considerable. Por otro lado, se ha aprobado la Ley de Defensa Nacional, en la que los militares reclaman mayores responsabilidades en las actividades humanitarias3: incluso se ha acusado a las fuerzas armadas de dar la imagen de ser una ONG encubierta en sus campañas publicitarias. Por otro lado, el Consejo para la Cooperación al Desarrollo ha debatido sobre este tema y aunque no se citan directamente las normativas actuales aplicables a las fuerzas armadas, se ha elaborado un marco exhaustivo de referencia a partir de acuerdos internacionales y códigos vinculantes de conducta, con la esperanza de que sea utilizado para demarcar el liderazgo, las responsabilidades y la asignación de fondos en las futuras intervenciones de carácter humanitario.4 Un aspecto positivo, aunque no es más que una mera declaración de intenciones, es que el Plan Anual 2007 recoge la predisposición a participar en los mecanismos internacionales para garantizar la calidad de la ayuda humanitaria.

El Plan Director también sienta las bases para una revisión fundamental de los instrumentos de planificación de la ayuda humanitaria. No obstante, en el mes de julio de 2007, la estrategia prevista del sector humanitario y el establecimiento de una oficina independiente de ayuda humanitaria dentro de la AECI aún no se habían completado. Las actividades humanitarias parecen algo fuera de lugar en el ejercicio de planificación de los Documentos de Estrategia de País. Sólo algunos países (Honduras, Senegal, Filipinas y República Dominicana) han identificado a las actividades humanitarias como una prioridad. No hay una sección explícita dentro de la clasificación de los DEP para los compromisos humanitarios, y la propia naturaleza de este tipo de ayuda implica que no puede subsumirse a estos ciclos de planificación. La política humanitaria española sigue a la espera de una desconexión conceptual, institucional y procesal con respecto al desarrollo.
Otras fuentes han evaluado con más detalle la dinámica de la financiación y gestión de la ayuda humanitaria. Entre las más importantes, cabe citarse el IECAH, Intermón y HEGOA, en estrecha cooperación con distintas ONG humanitarias. 5