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Introducción

España ha declarado que la política de cooperación es parte de su estrategia de poder blando a largo plazo en el ámbito de las relaciones internacionales.

La cooperación al desarrollo se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la nueva política exterior española. En el programa electoral del PSOE del año 2004 aparecía como una de las prioridades. Al preguntarle por sus principales retos en política exterior en el año 2006, el Presidente José Luís Rodríguez Zapatero citó el aumento de la financiación para el desarrollo. Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores y el primero en ocupar también la cartera de Cooperación, afirmó que quería que se le juzgara en base a su capacidad de cumplir con la promesa de reducción de la pobreza. Leire Pajín, Secretaria de Estado para la Cooperación al Desarrollo, se ha convertido en la cara pública de este compromiso, reiterando que no solo le preocupa el volumen de la ayuda, sino también la durabilidad de las instituciones e instrumentos sólidos de ayuda.1

Sin reserva alguna, la visión a largo plazo de reducir la pobreza mediante el uso de instrumentos de desarrollo se ha convertido en un objetivo explícito del actual Gobierno español. Se ha observado también un giro de 180 grados en lo relativo a los objetivos declarados de las políticas de desarrollo. Al contrario de lo ocurrido con el Gobierno anterior, que empleó la cooperación al desarrollo para fomentar intereses económicos (a través de ayudas condicionadas), junto con un limitado entendimiento del patrimonio cultural o una agenda política neo-conservadora, el Gobierno actual trabaja para integrar la cooperación al desarrollo en marcos multilaterales, ya sean éstos europeos o de las Naciones Unidas.2 El Plan Director 2005-08 reafirma esta ambición política de distintas maneras, incluida la alineación con los marcos de derechos humanos, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM), los Principios y Buenas Prácticas en la Donación Humanitaria, y las medidas de eficacia de la ayuda. Los Planes Anuales reiteran estos vínculos normativos. El volumen de la ayuda se ha incrementado y se han anunciado nuevos aumentos. En el plano interno, en lugar de estancarse en la confrontación estéril con otros actores de la cooperación, se ha buscado el consenso con la sociedad civil y el mundo académico.

En este sentido, cabría afirmar que este cambio representa la “normalización” de la cooperación española para el desarrollo, en cuyo ámbito España ha vuelto a cobrar protagonismo en la escena internacional, tras un período de perfil bajo. El “multilateralismo efectivo” como aspiración comienza a traducirse en algo práctico, al tiempo que sus políticas de desarrollo se ajustan a los estándares internacionales, y aumenta la financiación y la cooperación con las agencias de la ONU. España se ha comprometido a alcanzar el objetivo del 0,7% del PIB destinado a la ayuda para el año 2012, tres años antes de lo acordado por la comunidad internacional. España es, además, uno de los pocos países que ha proporcionado un esquema detallado de cómo pretende alcanzar este objetivo. En este sentido, Kemal Dervis, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha aplaudido el “progreso espectacular” del sistema español de cooperación al desarrollo.3

A continuación, se tratará este tema con más profundidad para analizar qué actuaciones han surgido a partir de tales declaraciones. Una de las cuestiones más importantes es si se están dando las condiciones institucionales adecuadas para cumplir con las promesas hechas, es decir, si los medios financieros se están empleando de forma efectiva para que encajen en la dinámica del sistema internacional de cooperación al desarrollo. De lo contrario, la voluntad política, a pesar de su importancia, no cambiará en absoluto la situación de los pobres del mundo, incluso cuando el compromiso con una visión a largo plazo de la reducción de la pobreza como parte de la gobernanza global siga siendo un prerrequisito necesario para el progreso.

Sin embargo, el alto grado de interés depositado en los temas relacionados con la cooperación internacional no está exento de problemas. El Gobierno español, y más concretamente, el Presidente Zapatero y la Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, ha promovido una serie de iniciativas clave. Entre ellas, figuran la “Alianza de las Civilizaciones”, la “Red de Mujeres Españolas y Africanas por un Mundo Mejor”, la “Iniciativa Internacional contra el Hambre y la Pobreza”, y otras dentro del contexto de las Cumbres Iberoamericanas. Todas ellas han servido, una vez más, para poner de relevancia la postura multilateral y el enfoque de poder blando del Gobierno.4 Pero la cuestión es si estas declaraciones, en parte, orientadas a la publicidad, se están traduciendo en acciones efectivas. Desde el punto de vista técnico de la efectividad de la ayuda, los encargados de planificar la cooperación al desarrollo temen que el intento de algunos políticos de satisfacer al público nacional interfiera en sus programas. El Consejo de Cooperación, el órgano consultivo de la cooperación española para el desarrollo, ha informado en este sentido de que “con el objeto de velar por una mayor coherencia de la política de cooperación, se insta a todos los agentes de la administración a que redoblen sus esfuerzos de coordinación, de manera que iniciativas internacionales de relevancia, (...) que comprometen la acción del Estado en el ámbito de la cooperación, estén imbricadas con el resto de políticas de cooperación, tengan un reflejo en el PACI y no supongan ninguna disfunción respecto al ejercicio de planificación.”5

  • 1 Entrevista con el Presidente del Gobierno José Luís Rodríguez Zapatero, El País, 15 de enero de 2007: “Para mí, eso [duplicar la ayuda al desarrollo] forma parte de una prioridad de la política exterior. (...) Para mí, el que España sea dentro de poco el país que más va a avanzar en menos tiempo en el camino de ser un gran donante de la ayuda al desarrollo tiene un altísimo valor ético”. Miguel Ángel Moratinos, en diario de sesiones No 788, 11 de marzo de 2007: “Sé que mi gestión será juzgada en relación con este nuevo imperativo moral y político [la reducción de pobreza], que es una de las señas de identidad de nuestro país”. Leire Pajín, en la Comisión Internacional de Desarrollo, diario de sesiones No 808, 19 de marzo de 2007: “La meta no es alcanzar el 0,5 de la AOD a cualquier precio, sino hacerlo de una manera que permita garantizar la sostenibilidad y calidad del compromiso solidario de España, calidad reclamada por la sociedad que trabaja en la cooperación”.
  • 2 Véase, José Antonio Alonso, 2005, “La cooperación española al final de un ciclo”, en: Plataforma 2015 y Más: La palabra empeñada: Los Objetivos 2015 y la Lucha Contra la Pobreza, Madrid: Catarata, 2005
  • 3 Véase, “El Gobierno destaca la reducción de los créditos FAD reembolsables en la ayuda oficial al desarrollo”, Canal Solidario, 10 de noviembre de 2006
  • 4 Página web de la Alianza de las Civilizaciones; La Red de Mujeres Españolas y Africanas por un Mundo Mejor; y su Conferencia de Madrid. Tanto la Alianza de las Civilizaciones, como el Quinteto contra el Hambre contrastan explícitamente con la política exterior “realista” del anterior Gobierno.
  • 5 Consejo de Cooperación, 2006, Informe del Consejo de Cooperación al Desarrollo sobre el Plan Anual de Cooperación Internacional 2007, Madrid, 21 de diciembre de 2006